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CASTILLO DE CORIA

 

 

            La ciudad de Coria tiene su origen en un antiguo asentamiento vetton como así lo demuestra algún que otro resto arqueológico que se conserva en el museo de la cárcel de la ciudad de Coria (toro vetton).

 

 

 

            La ciudad como tal se comenzó a configurar con la llegada de los romanos que la incorporaron a su imperio y desde allí extendieron su poder por todas las tierras limítrofes aprovechando las aguas de varios afluentes del Tajo para articular un sistema agrícola rentable. La ciudad tuvo una gran importancia, como así lo demuestra su amplio lienzo de muralla que aún se conserva, muy similar al de otras grandes ciudades romanas de la época. Los restos arqueológicos de esta época son abundantes. Consideramos que en estas fechas ya debía existir algún tipo de construcción sólida que se asemejase al algún castillo.

 

 

 

            De la época visigoda prácticamente no se conserva nada, por lo que estas gentes se dedicaron a mantener lo heredado al igual que hicieron con tras ciudades extremeñas como Mérida que según las fuentes árabes fue la capital del reino de los reyes gallegos y la cuál impresionó por su belleza a este pueblo venido del desierto.

No se sabe a ciencia cierta cuándo se produjo la llegada del Islam a las tierras de Coria pero lo que sí es cierto es que principalmente fueron tropas de origen bereber y en concreto de la tribu de los Banu Tayit.

            Al-Istajri (Abú Ishac Ibrahim Ibn Muhammad al-Farisi) nos comenta, en torno al año 951, que entre las ciudades más famosas de Al-Andalus se encuentran: Jaén, Toledo, Nafza, Zaragoza, Lérida, Guadalajara, Trujillo, Coria y Mérida. Además este geógrafo árabe nos localiza exactamente Coria al fijarnos la distancia de esta ciudad a Mérida y Córdoba

            Al MuQaddasi nos dice: de Córdoba a Miknasa, cuatro días. Luego a Hawwara, lo mismo. Después a Nafza, diez días. Luego a Zamora, cuatro días y de aquí a Coria, doce jornadas.

            Al-Idrisi habla de Coria de la siguiente manera: Coria es una ciudad que se encuentra ahora en poder de los cristianos. Tiene fuertes murallas y es antigua y espaciosa. Es una de las más buenas fortalezas y de las más bellas ciudades. Su territorio es extremadamente fértil y produce abundantes clases de frutos, sobresaliendo en cantidad, las uvas y los higos.

            Al-Bakri, parece ser que es el autor de la siguiente cita: Coria: En Al-Andalus, cerca de Mérida. A dos días de camino de Alcántara. Esta rodeado de una fuerte muralla y es una construcción antigua. El interior del recinto es espacioso. Es una plaza muy sólida y, a la vez, residencia agradable. Su campiña es hermosa y fértil. Las granjas producen en abundancia y hay gran cantidad de toda clase de frutos sobre todo uvas e higos. 

            Ibn Said al- Magribi en su obra Kitab al ygrafiya fi-l-qalima-l-sab´a dice: Clima VI. Limitado por el paralelo de 45º y tiene una amplitud de 3º 39´. Al sur de la cordillera de la Sarra se halla la ciudad de Coria, que constituía la frontera de los musulmanes en la época de los reyes de Taifas. Al sur de ésta y del río de Toledo, se encuentra la ciudad de Santarem. En su camino, al Se, está el castillo de Alcántara. Entre ambas hay 80 millas [1]. No sabemos si esa cordillera a la que se refiere Ibn Said podría ser el nombre de Sierra de Gata en árabe.

            Existen distintas interpretaciones y valoraciones de si Coria llegó a pertenecer a la Kora de Mérida. Según ciertos autores como Ibn Galib y al-Razi no existe duda de su pertenencia y así lo recogen en sus estudios sobre Al-Andalus Mª Ángeles Pérez Álvarez.

            Coria se convirtió con el paso del tiempo en un waliato erigido por Beni Abed rey de Badajoz a favor de su wasir y poeta Abdalá- Ben-Menheb.

Sierra de Gata y la Sierra de Gredos se convirtieron en las fronteras naturales con los reinos de león y Asturias. Empero los restos árabes en Sierra de Gata son más bien escasos, quizás debido a la instabilidad política que vivió esta zona desde la entrada de los musulmanes en la península; ya que incluso fue zona de cruentas batallas entre beréberes y árabes. Esta inestabilidad no favoreció, como en el caso de Andalucía, el arraigo de una cultura islámica con todo lo que ello lleva implícito. Es por ello por lo que, como hemos comentado anteriormente, los restos árabes se reducen a ciertos elementos arquitectónicos en algunos de los pocos castillos que se conservan en pie.      

En el año 732 los habitantes beréberes de Coria participaron con los de Mérida, Galicia, Astorga y Talavera en la sublevación contra Abd al-Malik bn Qatan en esta revuelta fueron vencidos y casi exterminados.

En el año 132, (20 de agosto de 749 a 8 de agosto de 750), la población de Coria se vio incrementada con gentes procedentes de la etnia bereber debido a una fuerte hambruna y sequía que asoló toda España, por lo que los beréberes que se encontraban más al norte se desplazaron hasta Coria. Los cristianos fueron desplazando a los árabes desde Astorga hasta Coria y Mérida según nos comenta Ajbar Maymuca

            En el año 151 (768 el 25 de enero) se rebeló el fatimi Sufyan bn Abd-al-Wahid de la tribu de los Miknasa, oriundo de Laydaniya y que decía ser descendiente de Fátima. Éste logró atrapar al gobernador de Mérida (Salim Abu Za´bil) al cual ajustició apoderándose de las tierras de Coria y extendiendo el terror por las mismas. En el 769 una expedición salió en su busca refugiándose éste en las tierras de Sierra de Gata. Abd al- Rahman I castigó a las tropas levantiscas y saqueó la región a esta campaña la denominó al-Dawra. La inestabilidad en la zona duró hasta el año 776[2].   

            A esta época le sucedió otra también igual de revoltosa que también fue ahogada en sangre cuando se rebeló Muhammad Bn Yusuf Abu-l-Aswad, el cuál después de una sonora derrota se refugió en Coria y desde allí a la estribación montañosa más cercana, asolando toda la comarca el emir que le había derrotado con anterioridad. [3]

Coria sirvió como cuartel  general de Almanzor a finales del siglo X. Durante el año 998 Coria le sirvió a este genio militar como lugar de descanso después de una de sus razzias por tierras cristianas y en concreto contra Santiago de Compostela. Ciudad donde hizo infinidad de prisioneros a los que obligó a cargar con las campanas de la catedral hasta Al- Andalus.

Como vemos Coria era la “cabeza de playa” desde donde se iniciaban todos los ataques tanto a tierras cristianas como posteriormente a tierras musulmanas.

En el año 1079 caería en manos cristianas gracias a un asedio del rey Alfonso VI. Después de la batalla de Sagrajas o Zálaca en la que las tropas cristianas fueron derrotadas este rey se refugió entre sus murallas. Yusuf Ibn Tasfim le ordena al monarca Tamm Ibn Al-Mucrzz ibn Badis que se reunieran en Badajoz los distintos señores de Al.Andalus; una vez allí se dirigieron hacia Coria, pero en cuanto el rey cristiano tuvo noticias de este movimiento se refugió en Coria. 

En 1120 la ciudad volvería a manos musulmanas gracias al asedio de Mazdali Ibn Bablunkan. Después de cuarenta años volvió a manos almorávides ya que éstos aprovecharon las discordias entre Dª Urraca y su marido Alfonso el Batallador para apoderarse de la “Perla del Alagón”.

En 1142 Alfonso VII la conquistaría definitivamente restituyendo el antiguo obispado de tiempos de San Silvestre en la persona de Iñigo Navarrón.  Los distintos obispos que tomarían posesión del Obispado a partir de entonces mantendrían infinidad de pleitos con los distintos maestres de la Orden de Alcántara por el derecho de cobro de ciertos tributos (martiniega, diezmos, caloñas, etc.); así como por la jurisdicción sobre las aldeas que estaban dentro de su órbita de influencia.

El 6 de febrero de 1163 el rey Fernando de León entrega el señorío de Coria a la iglesia de Santiago de Compostela  y en concreto al Arzobispo don Pedro Gurdisteiz.

El 10 de julio de 1168 Fernando II después de haber iniciado de nuevo un proceso de conquista de todos los castillos y torres fuertes de Sierra de Gata (Trevejo, Almenara, Salvaleón, San Juan de Mascoras etc.), dona estos castillos y la ciudad de Coria a los Templarios, como agradecimiento por haber sido la vanguardia de las tropas cristianas en estas tierras y haber regado con la sangre de sus frailes soldados todos y cada uno de estos rincones altoextremeños.[4]

Es de destacar la importancia que la Orden del Temple tiene por estas fechas en el reino de León y en concreto en estas tierras. Prácticamente la totalidad de las fortalezas serranas, y aquellas que son más rentables caen en sus manos. Hasta que con el reinado de Alonso IX cambian de dueño pasando la mayor parte de ellas a manos de otras ordenes o de señores feudales. Empero la Orden del Temple no se dará por satisfecha y mantendrá ciertos pleitos con la Orden de Alcántara para que se le devuelvan algunas posesiones como la del Castillo de Santibáñez, pero ya no recuperarán su antiguo esplendor ni la influencia en estas tierras ya que en 1310 será disuelta la orden y sus bienes confiscados.

La reconquista continuará y serán cada vez más las instituciones y las personas los interesados en el reparto de las tierras que se le han arrebatado a lo hijos de Miramamolin. Así  el 3 de septiembre de 1183 don Fernando concentra tropas en Coria para reconquistar Cáceres. Y en Agosto de 1191 se adjudica a la diócesis de Ciudad Rodrigo  Robledillo y Descargamaría y a Coria Puñoenrostro Puñosa y Cadalso.

La expansión territorial de los distintos reinos (castellano, leones y portugués) llevaba aparejada una fragilidad e inestabilidad del reinado de los distintos monarcas de esas casas reales. Ya que, independientemente de la promiscuidad sexual de los reyes, que generaba bastantes conflictos de intereses; para consolidar sus conquistas era necesario contar con la lealtad de los vasallos a los que se les entregaban las tierras conquistadas y que eran la cabeza visible del monarca en esas tierras. Así en 1230 Coria se uniría junto con su fortaleza a la causa de le Maestre de Alcántara a favor de los derechos sucesorios de Dª Sancha y Dª Dulce. El Rey Don Alonso de León y de Galicia dejó por herederas a las hijas que tuvo con Dª Teresa, su primera mujer, hija del Rey Dº Sancho de Portugal; con quien se había casado antes que con la reina  Dª Berenguela.

De esta manera desheredaba a su hijo Dº Fernando Rey de Castilla. Este hecho provocó un gran escándalo, lo que llevó a que la sociedad de la época se polarizase en dos bandos enfrentados. El Maestre de Alcántara como era vasallo del Rey de León y natural de Galicia no quería que estos reinos cayesen en poder de Castilla y por este motivo siguió al bando de Dª Sancha y Dª Dulce levantando pendones a favor de ellas en todos los castillos de su jurisdicción.

Posteriormente cuando se supo que el Rey Dº Alfonso no podía desheredar al Rey Fernando de Castilla el Maestre de la Orden de Alcántara y sus tierras alzaron pendones por el Rey castellano[5] .

Reinando en Castilla y León Dº Alonso el Sabio y siendo Maestre de la Orden de Alcántara Dº Garci Fernández Barrantes y después de la conquista de de las villas de Arcos, Lebrija, Niebla y todo el Algarve en el año 1254 hubo una importante rebelión de los hombres más influyentes del reino, los cuales se alzaron contra el Rey siguiendo los dictados de su hermano Felipe que se había confederado con el rey moro de Granada. También se abrió otro frente cuando el infante Dº Sancho hijo del rey intentó quedarse con la corona. Debido a esto su hermano el infante Dº Pedro intentó quedarse con la ciudad de Coria, para ello asoló buena parte del territorio de la Orden de Alcántara y saqueó todo lo que encontró a su paso hasta que el maestre le redujo en la villa de Galisteo.[6]

En el año 1284 de nuevo se extendió el terror por estas tierras debido a que el infante Dº Juan hermano de Dº Sancho el Bravo y el conde López Díaz de Haro señor de Vizcaya se aliaron con Dª Margarita de Narbona, exmujer del infante Dº Pedro, la cual por su hijo Dº Sancho tenía el señorío de Ledesma, Miranda, Salvatierra, Galisteo, Granadilla, etc. Esta mujer juntó a todos estos nobles para que aceptasen por Rey a Dº Alonso de Cerda hijo del infante Dº Fernando, y para que hiciesen guerra por toda la tierra de Coria y Ciudad Rodrigo contra el rey Dº Sancho de castilla. Así el Rey le dio instrucciones al Maestre para que extendiera la guerra a las tierras de esta señora.[7]

En 1304 el Maestre de la Orden de Alcántara toma posesión de la tenencia de Coria como compensación a un préstamo de elevada cuantía que le había hecho al rey Fernando IV.[8]

En 1369 El Rey Fernando de Portugal se autoproclama Rey de Castilla y reclama el trono que considera le pertenece al haber muerto Pedro el Cruel sin descendencia. Debido a este conflicto de intereses hubo algunas ciudades que se pusieron del lado del portugués (Zamora, Coria, Ciudad Rodrigo y Ledesma). Por este motivo buena parte de las tierras de la Orden de Alcántara se pusieron del lado de su Maestre Dº Melen Suárez, el cuál se puso del lado del Rey de Portugal. Cuando el Rey Dº Enrique de Castilla ganó la guerra, este maestre se fue a Portugal y el Rey luso le hizo Maestre de la Orden de Avis.[9]

En 1386 la ciudad se vio amenazada por un asedio portugués debido a la derrota del rey Juan en la batalla de Aljubarrota.

En 1456 Coria adquiere un extraordinario protagonismo debido a las luchas entre el maestre de la Orden de Alcántara Gómez de Cáceres y Solís y el clavero de la misma, Alonso de Monroy. El origen de este conflicto fue el enlace matrimonial de una hermana del Maestre en la ciudad de Cáceres. Mientras el clavero participaba en unas pruebas se produjo un incidente entre unos invitados y éste que derivaría en una guerra civil en la que participarían otros personajes interesados en apropiarse de parte de los bienes del maestrazgo. El clavero fue reducido y encerrado  en el Convento de Alcántara, pero no estuvo mucho tiempo ya que se pudo escapar y una vez libre tomó por la fuerza los castillos de Trevejo y de Robledillo.

 

 

 

Debido a que el Maestre seguía el bando del infante Alonso que se autoproclamaba Rey de Castilla, el Rey Dº Enrique le solicitó al Clavero que le hiciese la guerra en todas estas tierras al Maestre. Así de esta forma tomó el clavero la ciudad de Coria arrebatándosela al hermano del maestre. El Maestre acudió todo lo rápido que pudo pero cuando llego Dº Alonso de Monroy ya estaba acantonado iniciándose un asedio por parte de Gutierrez de Solis que duraría nueve meses, fecha en la que el clavero entregó la plaza ya que no tenía apoyo del Rey . Después de todos estos conflictos y de cumplir el Maestre con las exigencias del Rey, éste para asegurarse el servicio del Maestre dio al hermano de  Dº Gutiérrez de Cáceres y Solís por heredad la ciudad de Coria. Este individuo se autoproclamaba Conde de Coria desde hacía mucho tiempo y así se lo confirmó el Rey Dº Enrique en la ciudad de Trujillo. Independientemente de que el Rey le diese esa  Ciudad al hermano del Maestre, éste seguía teniendo sus rivalidades con el clavero que no tardó en asediar la ciudad de Alcántara. El maestre juntó gente de guerra y conquistó Zalamea y Benquerencia para luego dirigirse a Coria para que su hermano, el arzobispo de Toledo y el duque de Alba, les proporcionase más gente.

Una vez juntó toda la gente que pudo se dirigió a Valencia de Alcántara donde le estaba esperando el clavero que había cavado unos hoyos en el suelo donde cayeron presos. Después el clavero mantuvo el asedio al castillo durante trece meses.

Viendo el hermano del Maestre el desastre acudió al conde Alba, tío de su mujer, pidiéndole ayuda; a la que este accedió a cambio de que le diese en prenda algo. El hermano del Maestre le dio la ciudad de Coria, que luego perdería definitivamente en otro enfrentamiento con el clavero cuando este quemó todos los pasos del Tajo para que no pasase por el río y de esta manera el duque de Alba se quedó con Coria. 

Una vez que el duque de Alba se quedó con Coria y debido a la situación de inestabilidad éste decidió emprender mejoras en la muralla de Coria y levantar la gran torre del actual castillo en sustitución de otra que existía en la ciudad y que probablemente procedería de la época de los romanos; al igual que los restos de la muralla romana que aún se conserva en esta ciudad milenaria. Esta antigua torre, que debió ser remodelada tanto por visigodos como por árabes, parece ser que fue sustituida por la nueva torre del homenaje. La antigua torre es probable que fuese usada como minarete y se encontraría en donde se halla la actual torre de la catedral de Coria.[10]

Por los testimonios que hemos expuesto a lo largo de todo este trabajo Coria era: Un obispado relevante, un importante centro administrativo desde el que se articulaba la vida social y económica de un amplio territorio, y un importante enclave militar que desde muy antiguo contó con una importante muralla, así como con una fortaleza que permitió resistir los envites de uno y otro lado.

 

 

 

 

 

Durante el siglo XX el castillo pasaría a manos del cacique típico de esa época, y oriundo de Torre de Don Miguel, el Doctor Camisón, el cual atendió al rey Alfonso XII en el lecho de su muerte.

En la actualidad este castillo se encuentra en muy buen estado, aunque cerrado al público, conserva una flamante torre del homenaje que guarda impresionantes semejanzas con la de los castillos de Trevejo y de San Felices de Gallegos. No en vano, como hemos mencionado anteriormente, esta impresionante torre fue levantada por el Duque de Alba que también intervino en la construcción del castillo de  San Felices de Gallegos.

Es una pena que edificios de este tipo se vean avocados a la ruina, debido básicamente al desinterés y la incapacidad económica de sus propietarios para mantenerlos, así como a la dejación de los Organismos Públicos para velar por nuestro patrimonio arquitectónico

 

 

 

 


 

[1]Mª. Ángeles Pérez Álvarez “Fuentes Árabes de Extremadura” Pág.81

[2] Ibídem Pág 131

[3] Ibídem Pág. 131

[4] Gervasio Velo y Nieto “Coria: Reconquista de la Alta Extremadura. Pág 87

[5] Francisco Rades Andrada. Crónica de las tres Órdenes de Caballería, Calatrava, Santiago y Alcántara. Pág. 9

[6] Ibídem. Pág. 11

[7] Ibídem. Pág. 12

[8] Feliciano Novoa Portela. Orden Alcántara y Extremadura S. XII y XIV. Pág. 121

[9] Francisco Rades Andrada. Crónica de las tres Órdenes de Caballería. Calatrava, Santiago y Alcántara. Pág. 30

[10] Alejandro Valiente Lourtau. Breve Historia de Coria. Pág. 55